Su nombre era Natalie. Acababa de terminar la escuela, siempre fue una estudiante promedio en una prestigiosa escuela privada de Cambridge; se dedicaba a la equitación y a clases de yoga en las tardes, alternándose día de por medio cada actividad, y, cuando llegaba a casa, más o menos a las 19:00, una apetecible cena y sus padres le esperaban en el sofisticado comedor para hablar de su día, de asuntos familiares y demás; disfrutaban y reían tanto como pudieran, luego, se sentaban en la sala de estar leían un poco y comentaban al respecto o jugaban billar o bolos en su propia casa. Los fines de semana acostumbraban recibir visitas de su familia o amigos o al contrario, ellos ir a a visitarlos.
Era la segunda semana de junio. Tras graduarse tenía más tiempo para estar con sus amigos, con los que acostumbraba ir a cine, al centro comercial o a sus enormes y complejas casas, que más que un lugar para refugiarse y atender las necesidades básicas, cada una de ellas era como un miniparque de diversiones variadas.
Un día, finalizando junio, conocio
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